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  • Natalie Rocfort

Estar sola no es tan solitario


Hoy, 18 de agosto, cumplimos 18 semanas de estar juntas. Han sido 18 semanas intensas, de descubrir una felicidad diferente. De sentir que me crece la panza y celebrar que ya no es solo todo lo que me como, sino que ¡hay una gatita creciendo! ¡Yeah! Al fin tendré excusa para hacer las colas preferenciales en los bancos y super mercados! Son 18 semanas de ser dos habitando el mismo cuerpo y por y para siempre el mismo corazón. Cada sábado celebro porque sé que pronto conoceré al amor de mi vida y sé que nunca más estaré sola.

El lunes de esta semana Adolfo, mi doctor, me confirmó que espero a mi heredera, a la niña de mis ojos, a mi mejor amiga, a mi compañera de vida. Y aunque tengo que admitir que en algún rinconcito de mi corazón esperaba que fuese hombre, estoy inmensamente feliz de saber que mi gorda está creciendo y que está todo bien. Vera es el nombre elegido. Y le deseo toda la fuerza, toda la vitalidad y toda la felicidad del mundo, entre muchas cosas más. Lo único que me rompe el corazón es saber que no podré tener un parto natural. Resulta que tengo pelvis androide, o sea que es taaan pero taaaaaan estrecha que si hubiera nacido en otra época, hubiera muerto dando a luz. Plop! Así que ya empecé a hacerme a la idea de que tendré que cesarearme. Pero habiendo sido testigo presencial de dos partos por cesárea, tengo un pánico indescriptible. Tengo ganas de buscar una segunda y tal vez hasta tercera opinión para ver si tal vez hay esperanza. Aún lo estoy considerando.

Ese mismo día por la noche empezó a salirme calostro, claro que por gotitas. Al principio pensé que era sudor, pero luego recordé que estamos en invierno… ¡ja! Fue locazo, porque hasta ahora si no fuera por las ecografías y porque me ha crecido la panza, no termino de creerme que tengo a una personita adentro mio. Cada vez que agarro mi panza lloro porque sé que estoy produciendo un ser humano, y ese sentimiento es increíble, llena cada rincón del cuerpo, del corazón y de la mente. Mientras leo o trabajo, he ido produciendo una pierna, un ojo, una mano… Mientras duermo le va creciendo pelo, uñas y una sonrisa que espero que nunca se le borre...Pero supongo que hasta que no la vea y no la sostenga en mis brazos, es aún un sentimiento aún virtual. Y eso que hasta ahora pienso que en realidad mi panza es más de antojos que de bebé. O sea, veo las fotos de mis amigas con sus micro pancitas redonditas, y en nada se parecen a mis llantas. Pero igual las gozo y sobo mi barriga mientras le hablo a mi minimi. Le digo que sea buena, que se porte bien, que no sea como su mamá que de chibola era una patejudas que hacía renegar a la abuela. jajaja. Espero que me haga caso. También le digo que sea una niña feliz. Que sea lo que quiera ser en la vida, pero por sobre todo, que sea feliz.

Aún no siento sus pataditas, pero por la noche me quedo dormida en silencio esperando a sentir ese leve aleteo de maripositas… o fácil una patada voladora bien al estilo de Bruce Lee. Espero que no pase mucho más tiempo hasta sentir ese primer movimiento. La espera desespera y no he sido nunca precisamente muy paciente con estos asuntos.

Fui yo quien tomó la decisión de caminar este camino “sola”. No porque piense que el padre sea un mal tipo, de hecho, como ya les conté antes es uno de mis mejores amigos y lo adoro, pero intentamos algo hace tiempo, y no funcionó. Sé que él esperaría algo de mi que yo no podría darle, y yo tendría expectativas sobre él que terminarían en frustraciones, porque aunque lo quiero como uno de mis mejores amigos, somos personas muy distintas. Pero como alguna vez alguien me dijo, querer a alguien no significa que puedan estar juntos. Así que preferí, por el bien de los 3, andar este camino “sola”. Acepto y no tengo ningún problema con que la responsabilidad sea mía, así como las decisiones que tendré que tomar a lo largo de la vida de mi cría. Con esta decisión no busco la aprobación de nadie. No espero que nadie me entienda. Varias amigas mias me han cuestionado sobre los derechos del padre, o sobre la identidad de mi hija. Primero: dejen de cuestionarme. No tengo por qué darle explicaciones a nadie. Deberían saber que lo que hago, lo hago por la paz, la felicidad y la tranquilidad de todos. He visto tantas veces conflictos entre padres que no llegan a ponerse de acuerdo en tonterías que la verdad es que yo no quiero eso para mi, ni para el papá ni para mi hija y menos aún para mi. Quiero una vida llena de felicidad, no de discusiones. No le estoy negando nada a nadie, de hecho me encantaría que sea él quien le enseñe a nadar y a correr tabla. Él va a poder estar ahí si lo desea, pero no está obligado. Puede contribuir si desea, pero yo no voy a reclamarle nada porque así lo decidí. Prefiero mi paz mental que pelearme por dinero. Me tocará trabajar el triple, y no tengo ningún problema. Y Vera va a poder conocerlo y pasar el tiempo que quiera con él, si él lo permite. Por sobre todo, mi promesa conmigo y para mi hija es que no habrá mentiras respecto a nada.

Esto para mi significa que nadie tiene por qué estar obligado a asumir una responsabilidad que no desea, menos aún cuando esa responsabilidad es un hijo que lo único que se merece es todo el amor que se le pueda dar. Habrá gente que me diga que soy una tonta por no obligarlo a cumplir con sus obligaciones. Pero para mi eso no funciona, porque si ese “obligarlo a cumplir sus obligaciones” trae peleas y mala onda, no le veo ningún sentido.

En estas 18 semanas he descubierto que aunque pensé que iba a recorrer este camino “sola”, estoy más acompañada que nunca en mi vida. Estoy rodeada de gente que se preocupa por mi (si, el papá es uno de ellos), que me pregunta todos los días como estamos, que me engríe, que está allí. Y eso es todo lo que me importa.


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NATALIE ROCFORT PHOTOGRAPHY

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