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  • Natalie Rocfort

28 semanas, 2 días


¿Que por qué pongo una foto desnuda si estoy tan gordis? Sigan leyendo...

Hace 5 semanas que no escribo. ¿Por qué? Primero porque he estado full, cumpliendo con todas las sesiones que tenemos pendientes, para cumplir con todos y que no quede nada al aire antes de poder descansar y dedicarme a ver crecer mi panza. Lo segundo es que sigo con el dolor de muñecas, así que después de todo un día de fotos lo único que quería hacer era descansar. He intentado todo lo que me han recomendado pero nada funciona. He ido a terapia, me puse muñequera, me compré almohadas nuevas, pero nada. Por otro lado, la panza ha seguido creciendo y creciendo todos los días y ya con 28 semanas no hay forma de que la panza pase caleta. Es una barriga redonda y que por las noches se hace más visible. La amo. Amo ver mi panza redonda y mi cuerpo rechoncho hinchándose de amor. Nunca pensé que verme crecer a lo ancho me iba a hacer tan feliz. Es increíble sentir sus movimientos. Me encantaría que hubiera algún aparato casero que permitiera ver lo que hace adentro de la panza. Creo que me echaría en la cama y no me pararía en todo el día. Cada vez falta menos, y yo aún no tengo nada listo. ¡Ni el Baby Shower! Pero a decir verdad, el embarazo es un periodo que pasa tan rápido y la infancia de mi enana será también tan corta, que he decidido tomarme la vida con más calma y -como decía la tía Susy- vivirla antes de que la vida me viva. Siempre andamos en la correteadera de todo lo que hay que hacer. Hace poco vi un video en el que varias mujeres ya mayores hablaban de sus arrepentimientos, y una de ellas dijo algo que me marcó indefectiblemente: en lugar de seguir haciendo listas de lo que deberíamos hacer, habría que empezar a hacer listas de lo que no deberíamos hacer. Y es que realmente esto es algo que no siempre vemos. Nos presionamos eternamente por tener mejor ropa, un juego de comedor más bonito, una casa más grande, un carro más nuevo, pero no nos damos cuenta de lo que realmente es importante. La vida es demasiado corta para no disfrutarla. Y disfrutarla a veces es darse cuenta que hay que trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Lo que no significa tampoco que seamos mediocres y dejemos las cosas a la mitad, sino que sepamos administrar nuestros tiempos para poder disfrutar a la gente y las cosas que realmente amamos. Así que en esa lista de “lo que no debería hacer” es estresarme por hacer más cosas y disfrutar un poco más de lo que me toca vivir HOY. No mañana ni ayer, sino hoy mismo.

Es así que en este post les muestro una de las fotos que me hizo un muy buen amigo mio, Morfi Jimenez, un fotógrafo que admiro, como muchos otros colegas. Morfi es un maestro de la fotografía, así que ser fotografiada por él en este proceso es un verdadero honor. Cuando le conté que estaba embarazada la propuesta de las fotos decantó naturalmente y aunque me moría de vergüenza de desnudarme en vista de las redondeces de mi cuerpo, la verdad es que también me pareció una extraordinaria oportunidad no solo para recordar mi embarazo tal cual es, sino para desafiar a los cánones de belleza actuales. En esta foto recién tenía algo de 18 semanas, así que la panza es panza de pan con chicharrón más que de bebé. ^_^ jejeje Es una foto que no tiene ningún retoque, ni yo estoy maquillada, ni tengo un peinado de peluquería. Así que mi cara es como es, y también mis rollos. Esa soy yo a mis 34 años y con varias semanas de embarazo. A la que no le guste, que no mire la foto. A la que opine que tendría que haber photoshopeado la foto, no está sabiendo apreciar el verdadero valor de lo que significa.

Tengo que confesar que odio ser fotografiada. Jajaja. ¡En casa de herrero, cuchillo de palo! Amo estar tras la cámara, pero no ser el objeto de la sesión. Sin embargo, Morfi ha hecho que me de cuenta de algo que no siempre vemos. Amar nuestro cuerpo no siempre es fácil. Las flacas quieren más piernas, las gorditas quisiéramos un cuerpo de portada de revista. Las rubias se pintan el pelo de negro, y las morochas de rojo. Y así la lista es interminable. Aún cuando ante de los ojos de las demás una chica pueda ser perfecta, esta misma chica se puede ver al espejo y tener alguna crítica para ella misma. Que no le gustan sus uñas, su nariz, sus orejas. Es increíble cómo los conceptos de belleza se tergiversan y nos fijamos tanto en la forma y ya no tanto en el contenido, o en la importancia de la verdadera felicidad. De la paz mental. Nos pasamos horas en la peluquería, nos gastamos miles de soles en tratamientos de belleza y hasta nos operamos para acercarnos lo más que podamos a los cánones de belleza. Pero y ¿qué hacemos para ser realmente más felices?

Así que, aunque me de un tremendo roche mostrarles mis “curvas” de Pasamayo, creo que el mensaje es mucho más poderoso que la “vergüenza” que me puede tal vez producir el “qué dirán”. Soy gorda pues, no me compadezcan. Yo me rio de mi misma, porque si hay una cosa que es básica en esta vida es tener sentido del humor y divertirse más con uno mismo. Siempre fui “de huesos gruesos”, pero nunca he tenido problemas de salud relacionados a mi voluptuosidad, porque como sano y hago ejercicios. Me he pasado la vida tratando de entrar en pantalones más chicos, y de tomarme selfies en los parezca que estoy más flaca. Tuve varios enamorados que me criticaban cuando subía de peso, y otros que terminaron conmigo porque no podían considerar casarse con una mujer que iba a ser gorda toda su vida. Sí, me costó AÑOS poder entender lo imbéciles que eran, y además lo tarada que fui yo por permitir que me destruyeran con sus críticas. Pero, lo importante es que aún cuando siempre he sido más Tay Pá que el resto de mis amigas, nunca he dudado de mi inteligencia o mis capacidades, y con el tiempo y todo lo que me ha pasado aprendí a hablar fuerte y hacerme escuchar. Sufrí cuando esos chicos me terminaron por mis rollos demás, pero luego me di cuenta que sencillamente si ellos pensaban de esa forma, era un despropósito seguir en esas relaciones. Ser gordita y usar talla L o XL aún cuando mido 1.54 es a veces motivo de crítica, pero también me sirvió para hacerme más fuerte y saber cómo responder. Porque si no eres demasiado gorda, eres demasiado flaca, o demasiado cualquier cosa. Motivos para que a uno lo critiquen hay millones. Pero eso no puede hacer que nos sintamos menos. O que pensemos que esta es una mala fotografía porque se me ve gorda. NO SEÑORAS, no se me ve gorda. ¡Soy Gorda y esta foto es extraordinaria!

¿Pero por qué tanta alharaca con este tema? Ya a estas alturas del partido deben saber que yo no me callo la boca y siempre voy a decir lo que pienso, aún cuando me pueda costar que algunas personas a las que no les gusta dejen de seguirme o me consideren una mala profesional. En este mundo hace falta más gente que genere polémica por temas que realmente importan. Hace poco recibimos la llamada de una clienta que se quejaba de que no reconocía a su hija en las fotos que le habíamos hecho, porque se le veía muy “redonda” la cara. Es decir, a reclamarnos por supuestamente hacer nuestra chamba mal. Inclusive me pasó fotos hechas con el celular y tomadas desde arriba, en las que me mostraba que la cara de su hija no era como en las fotos que yo le había tomado. Creo que a estas alturas todos sabemos que tomar las fotos desde arriba hace que la perspectiva hace que los razgos se “afinen”. Las fotos que yo le tomé eran a la altura de la bebe, es decir yo sentada en el piso para estar a la altura de la enana, como lo hago con todas las criaturas que vienen a mi estudio. Además aún no le habíamos hecho photoshop ni había ninguna distorsión de la imagen por el lente, ni ningún detalle técnico que pudiera hacer que la foto estuviese mal hecha o que hiciera que la cara de la bebe se viera más ancha. Es decir, su queja era netamente una cuestión de percepción sobre la supuesta “redondez” de su hija y no porque la foto estaba mal tomada. En otras oportunidades hemos tenido a mamás que querían que photoshopeáramos los rollos de las piernas o las papadas de los bebes para que no se les vea gordos. Y esto, la verdad, me da entre pena y risa, porque al fin termina derivando en comunicarle a los niños una terrible inseguridad sobre sus cuerpos. ¡Con lo ricos que son esos rollitos y cachetes! Así que lo siento, pero no estoy dispuesta a photoshopearle los rollos ni los cachetes a ningún bebé. Me parece una gran tontería. Puedo arreglar granitos, cicatrices o lo que quieran, pero “bajar de peso” a un bebé en una foto es algo que de ninguna manera haré.

Así que en estas semanas desde mi último post estuve pensando mucho en lo importante que es cultivar el amor propio en nuestros hijos. En cómo esa educación tan básica es tan o más importante que lo que aprenden en un colegio y cómo va a contribuir a hacer un mundo mejor. Así que yo, por mi lado, estoy decidida a enseñarle a mi hija a amarse como es. A aceptar su cuerpo y a tratarlo bien, y además a respetar a los demás. A cuidarse, si, a ser saludable y tratarse bien, pero también a disfrutar la vida y a no dejar que la crítica de los demás melle en su autoestima. Esa autopercepción que los niños tienen de si mismos empieza en la imagen que sus padres los ayudan a construir. El bullying empieza por casa, señoras. ¿Por qué? Porque o no les ayudamos a construir una autoestima sólida, o permitimos que nuestros hijos sean los que bulleen a otros niños. Así que hay que ser bastante más conscientes de los mensajes que les transmitimos a las próximas generaciones para tener un mundo más sano y feliz. La educación no empieza en el colegio, empieza desde casa, desde que son bebés. No pues, no soy psicóloga y aún no nace mi bebe así que seguramente muchas pensarán “y esta de qué habla si aún no es mamá”, pero no hay que ser una erudita para darse cuenta que los niños aprenden por imitación y que hay que educarlos con el ejemplo. Basta con las críticas destructivas.


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NATALIE ROCFORT PHOTOGRAPHY

Pasaje La Malva 180, Surquillo

 

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