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  • Natalie Rocfort

MATERNIDAD EN LA EPOCA DEL #CORONAVIRUS




Día 2 de #aislamientosocial.

Estoy aprovechando en ordenar mis papeles. Despertarme temprano y leer el libro que tenía en mi mesa de noche. Revisar correos, whatsapps. Sacar los papelitos de mi billetera. Cocinar rico. Estoy aprovechando en jugar con Vera un poco más de la cuenta, porque con el juego y los apapachos no hay exageraciones. En estos días limpiaré ventanas, arreglaré los cajones y las despensas, lavaré ropa, moveré las camas para pasar la aspiradora. En resumen, estamos aprovechando los días en casa para hacer todo eso que en el día a día se hace imposible por la velocidad con la que hay que vivir. Todo esto, sabiendo que allá afuera la cosa está brava. Y que quedarse en casa es una medida de prevención que hay que tomarse bien en serio. Que el #coronavirus, aunque con una mortalidad bastante baja en comparación a otros virus, está afectando a miles de personas y que la única manera de contenerlo es poniendo al mundo en cuarentena. No es ser alarmista, es ser solidario.

Ser #mamá es una de las cosas más aterradoras que me ha pasado en la vida. Antes de tenerla era una mujer valiente, aventada, sin muchos temores. Pero desde que salí embarazada todo me da miedo. No me malinterpreten. No son fobias. Es que todo lo que nos rodea representa una amenaza en potencia. Tengo miedo por todo de lo que tengo que proteger a mi hija.

Yo nunca he sido demasiado metódica con la limpieza y el orden. Es decir, dejo que Vera se tire al suelo y agarre la tierra de nuestro jardín. Que duerma con mis gatitas y con la Negrita cuando aún vivía. Dejo que se moje con la manguera cuando hace calor, y no me da el soponcio cuando la veo metiéndose algo a la boca (aunque obvio sí intento ver qué es y sacárselo). Pero saber que hay un virus dándole la vuelta al mundo y que lo único que podemos hacer es quedarnos en nuestras casas y lavarnos bien las manos, me da una sensación de desesperanza que no sé si alguna vez me podré quitar de encima. Intento respirar profundo y tomarlo con calma, pero lo cierto es que el coronavirus es solo la cereza que decora el pastel. Es terrible que una cosa decante en otra y estar escribiendo esto que tal vez pueda ponerlas más intranquilas, pero creo que esta cuarentena debería servir también como un espacio de reflexión. Todos los días se ven barbaridades por todos lados. No solo robos, violencia y corrupción política. Sino violaciones, asesinatos, guerras, el cambio climático… ¿Qué mundo le estamos dejando a nuestros hijos? ¿En qué mundo nos hemos acostumbrado a vivir, mirando al lado cada vez que vemos que algo malo está sucediendo? ¿Tan ciegos estamos que nos limitamos a seguir mirando la pantalla de nuestros celulares mientras que afuera la cosa está tan podrida?

¿Es cierto que una sola persona no puede cambiar el mundo? Me atrevo a decir que esto no es cierto. Sí que hay personas que pueden cambiar el mundo con sus actos. Y somos todos nosotros. Aunque tal vez no sean grandes actos heroicos, aunque no salvemos elefantes, o creemos máquinas que limpien los océanos. Aunque lo que hagamos tal vez no se publique en redes, ni sea reconocido por las masas, sí podemos hacer cosas pequeñas para cambiarle el mundo a nuestros pequeños. Para cuidar a nuestras familias, a nuestras comunidades. Cosas que harán que nuestros hijos sean personas de bien, solidarias, empáticas, responsables. Y no estoy hablando solo de ordenar su ropa y hacer sus tareas, sino de ser socialmente responsables. Podemos modificar nuestras acciones para que nuestros hijos aprendan con el ejemplo. No tiren basura en la calle, recojan las caquitas de sus perros, no estacionen donde no deberían, aprendan a compostar, separen sus plásticos, no sean consumistas. Cuando vean a alguien haciendo algo que no es correcto, háganselo saber, ayúdenlos a corregir sus errores así protesten o se arme un lío en la calle. Dejen de mirar a otro lado. Hay ¡TAAAAANTO! por hacer...

El coronavirus es un virus que poco a poco se podrá controlar y en su debido momento llegará a su fin. Con paciencia, con amor y sobre todo haciendo caso de las medidas que se están tomando para aplacarlo.

Pero hay cosas más grandes e importantes que también están sucediendo en el mundo y a las que debemos de hacerles caso, como le hemos puesto atención al control de esta enfermedad. ¿No les parece?


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